CONSTRUCCIÓN

España tiene casi un millón de albañiles menos que en el ‘boom’ a pesar de la necesidad de construir más vivienda

La escasez de mano de obra y el envejecimiento de las plantillas empujan a constructoras y promotores a ganar productividad e industrializar procesos
Un trabajador, en las obras de construcción de un edificio de viviendas, en Esplugues de Llobregat.
Gabriel Santamarina

MADRID. España necesita construir más viviendas, pero cuenta con una fuerza laboral muy inferior a la del último gran ciclo inmobiliario. La construcción empleó de media a 1,53 millones de personas en 2025, frente a los cerca de 2,46 millones de 2008. Son alrededor de 930.000 ocupados menos. El sector ha recuperado empleo durante la última década, pero no ha recompuesto la capacidad laboral perdida tras la crisis financiera.

El actual ciclo residencial está haciendo más visible ese déficit. Félix Lores, economista de BBVA Research, advierte de que «la falta de trabajadores no parece responder únicamente al actual ciclo de la vivienda». La recuperación de la actividad ha tensionado el mercado laboral, pero detrás se acumulan problemas desde 2008. «Han pasado casi dos décadas y, durante este tiempo, una parte de aquella fuerza laboral ha envejecido o se ha desvinculado del sector, sin que se haya producido un relevo generacional suficiente», explica.La construcción representa hoy alrededor del 7% del empleo, unos dos puntos menos que su promedio de las últimas tres décadas. Además, según Lores, las vacantes sin cubrir se han multiplicado por cuatro desde 2016. «El ciclo actual está amplificando la escasez, pero no la ha creado», resume.

El problema no es solo cuántos trabajadores faltan, sino quién ocupará su lugar. «Más del 55% de los ocupados tiene más de 45 años y el envejecimiento es particularmente acusado en algunos de los oficios más relevantes: todavía en 2024 el 65% de los albañiles superaba esa edad», apunta Lores. Mientras, Edificación y Obra Civil apenas concentra el 0,4% de los alumnos de FP de grado medio.

La Fundación Laboral de la Construcción sitúa la edad media de los ocupados en España en 45,1 años y calcula que los menores de 30 representan apenas el 10,8% del empleo. La inmigración está amortiguando parte del problema: los trabajadores extranjeros suponen ya aproximadamente una cuarta parte del sector. El SEPE detecta dificultades especialmente relevantes para cubrir puestos de albañiles, electricistas, fontaneros o soldadores.

Sin embargo, desde los sindicatos ponen el foco también en las condiciones que ofrece el sector. Daniel Barragán, secretario general de CCOO del Hábitat, señala especialmente la siniestralidad laboral como una de las barreras para atraer nuevos trabajadores. «Ningún padre quiere que su hijo vaya a trabajar a una obra» si eso implica «jugarse la vida», sostiene. Según los datos que aporta, la media anual equivale aproximadamente a un trabajador fallecido cada dos días en el conjunto de la construcción. Barragán añade que las condiciones salariales y laborales «tampoco son para tirar cohetes» y reclama coeficientes reductores para adelantar la jubilación en los oficios de mayor riesgo: “Que en un andamio haya una persona de 63 años no es de recib».

Barragán considera que la llegada de nuevos trabajadores extranjeros aliviará la falta de efectivos, pero no resolverá por sí sola el problema. «Va a haber más trabajadores y la construcción va a recoger a muchos de ellos. El problema sigue siendo el mismo», afirma. El dirigente sindical advierte especialmente de la incorporación de personas sin formación suficiente en prevención de riesgos laborales o con dificultades idiomáticas para desenvolverse con seguridad en una obra.

Efectos en la planificación como en la ejecución y en costes

Los promotores ya notan sus consecuencias. Xavier Vilajoana, presidente de APCEspaña, asegura que «el sector viene padeciendo la escasez de mano de obra desde hace tiempo y obviamente está teniendo efectos tanto en la planificación como en la ejecución y en costes». «La falta de relevo generacional es un factor muy importante, pero no es el único que incide en nuestra actividad, sino que es la suma de varios», añade.

Captar trabajadores y mejorar salarios forma parte de la solución, pero difícilmente será suficiente. «Los salarios forman parte del mecanismo de ajuste, pero difícilmente bastarán para resolver un problema que es también demográfico, formativo y de productividad», sostiene Lores, de BBVA. El Banco de España calcula que la producción por hora trabajada en construcción cayó un 13% entre 2013 y 2025. La cuestión deja así de consistir únicamente en incorporar más personas: España necesita también aumentar la cantidad de vivienda que puede producir con cada trabajador.Ahí aparece la industrialización.

El cambio no consiste necesariamente en fabricar una vivienda completa dentro de una nave, sino en trasladar a fábrica procesos que tradicionalmente se ejecutan en la parcela, desde estructuras y fachadas hasta baños o instalaciones. Pedro Fernández Alén, presidente de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), sostiene que «España necesita aumentar de forma sustancial la construcción de viviendas y no podemos pensar que será posible hacerlo simplemente reproduciendo a mayor escala los procesos actuales». La falta de mano de obra, añade, es «un límite que nos obliga a ganar productividad, acortar plazos y utilizar mejor los recursos».

El cambio tampoco implica necesariamente prescindir de trabajadores. «Industrializar no significa necesitar menos trabajadores, sino cambiar el perfil de los profesionales que necesitamos», explica Fernández Alén. La CNC calcula que el sector debería elevar en 485,7 millones de euros anuales su inversión en innovación hasta 2030, de los que 121 millones al año corresponderían a formación y talento.

El punto de partida todavía es pequeño. Vilajoana, de la APCE, señala que «la industrialización en la construcción es un proceso que está en pleno desarrollo en España» y sitúa actualmente su penetración entre el 2% y el 4%, por lo que considera que «los sistemas constructivos tradicional e industrial deben seguir coexistiendo». El Gobierno pretende acelerar el cambio mediante el PERTE de Industrialización de la Vivienda, dotado con 1.300 millones de euros. El Ejecutivo calcula que estas técnicas pueden reducir los tiempos de edificación entre un 20% y un 60%.

La experiencia de las constructoras que ya trabajan con estos sistemas apunta en esa dirección. Guillermo Jiménez Michavila, director general de ACR, asegura que una obra industrializada puede funcionar con aproximadamente la mitad de personal que una tradicional y reducir los plazos entre un 30% y un 40%, dependiendo de la tipología del proyecto.