África Macías: «Con O-Buit exploramos desde Gresmanc Group otra forma de entender la cerámica»
La diseñadora explica las claves de este nuevo sistema cerámico que permite crear celosías, graduar la privacidad y transformar los espacios
África Macías, en el centro en el evento de Gresmanc Group de presentación de O-Buit, celebrado en mayo en Madrid.
Javier Cabrerizo
18 septiembre 2026 09:49
CASTELLÓ. África Macías es diseñadora y su trayectoria siempre ha estado muy vinculada a la búsqueda de nuevas formas de entender los espacios y los objetos. Le interesa especialmente trabajar en ese punto en el que diseño, arquitectura y materia se encuentran.
A lo largo de su recorrido ha desarrollado una manera de diseñar basada en la observación, la experimentación y la búsqueda de soluciones que tengan tanto una dimensión funcional como emocional. Para ella, diseñar no es únicamente resolver una necesidad, sino también generar una experiencia.
Su formación parte del diseño industrial y del diseño cerámico, dos disciplinas que se complementan. El diseño industrial le ha dado una visión muy vinculada a la funcionalidad, los procesos y la capacidad de llevar una idea a la producción. Por otro lado, las artes plásticas le han permitido explorar de una manera mucho más libre la materia, la forma y la expresión. Le apasionan especialmente la pintura y la escultura, y considera que esa mirada artística está muy presente en su manera de diseñar.
Integrada en el equipo de Gresmanc Group, el fabricante ha presentado recientemente O-Buit, un sistema cerámico presentado este año que convierte el vacío en protagonista y permite crear nuevas relaciones entre la materia, la luz y el espacio.
África Macías contesta a las preguntas de El Periódico del Azulejo sobre este original proyecto que ya es una realidad y que el fabricante de los Yébenes (Toledo) expondrá la próxima semana en suestand en Cersaie 2026.
—O-Buit nace de una idea muy potente: convertir el vacío en arquitectura. ¿Cuál fue la primera imagen, intuición o necesidad que dio origen al proyecto?
—O-Buit nace precisamente de preguntarnos qué ocurre cuando, en lugar de diseñar pensando en el lleno, empezamos a diseñar desde el vacío. La primera intuición fue muy sencilla: queríamos crear una pieza que no se limitara a ocupar un espacio, sino que fuera capaz de construirlo sin cerrarlo. Nos interesaba trabajar con esa condición intermedia entre sólido y vacío, entre dentro y fuera, entre ver y no ver. A partir de ahí aparece la forma de O-Buit. El vacío deja de ser el espacio que queda entre las piezas y se convierte en el verdadero protagonista. Es un vacío que permite que pasen la luz, las sombras, las miradas y el aire, y que además cambia dependiendo de cómo se coloque y de cómo se recorra.
O-Buit, de Gresmanc Group.
—Ha definido la pieza madre como una forma de doble lóbulo que «abraza el vacío». ¿Cómo se traduce esa idea poética en una solución cerámica funcional y producible?
—Ese es precisamente uno de los retos más bonitos del proyecto: conseguir que una idea que nace de una imagen muy intuitiva y casi escultórica termine convirtiéndose en una pieza industrial, reproducible y funcional.
La geometría de doble lóbulo genera una especie de gesto de abrazo alrededor del vacío. Pero ese gesto tenía que responder también a cuestiones muy concretas: cómo se extruye, cómo se corta, cómo se comporta el material, cómo se puede ensamblar y cómo puede repetirse.
Para nosotros era importante no perder la esencia de la forma durante ese proceso. La industrialización no debía convertir O-Buit en una pieza más rígida o convencional, sino conseguir que la tecnología estuviera al servicio de esa idea inicial.
Las tres piezas de O-Buit.
—El sistema juega con tres piezas —la principal, el aro y el óvalo—. ¿Qué papel tiene cada una en la construcción del ritmo, la luz y la percepción del espacio?
—Las tres piezas funcionan como un pequeño alfabeto. La pieza principal aporta el carácter y establece el gesto fundamental del sistema. El aro introduce otro tipo de vacío y permite generar variaciones en el ritmo. Y el óvalo aporta una escala y una dirección diferentes.
Lo interesante aparece cuando empezamos a combinarlas. Ya no estamos viendo piezas independientes, sino una composición que puede ser más abierta, más densa, más vertical u horizontal. La luz empieza entonces a formar parte del propio diseño, porque cada combinación produce sombras y transparencias diferentes. Por eso O-Buit no es solamente una colección de piezas cerámicas: es un sistema para dibujar con llenos, vacíos, luz y sombra.
O-Buit, de Gresmanc Group.
—O-Buit permite crear celosías, filtros visuales y superficies permeables. ¿Qué nuevas posibilidades abre para arquitectos e interioristas frente a una pieza cerámica convencional?
—Creemos que una de las grandes posibilidades de O-Buit es que permite entender la cerámica desde un lugar diferente. No como una superficie que simplemente reviste, sino como un elemento que construye atmósferas, organiza el espacio y participa en un diseño total e integral.
Puede funcionar como una celosía, como un filtro visual, como una separación sin convertirse en un muro opaco, como un elemento de transición entre espacios o incluso como piezas de mobiliario arquitectónico.
Además, introduce una variable que nos parece fundamental: la posibilidad de graduar la privacidad y la permeabilidad. El arquitecto puede decidir cuánto quiere cerrar, cuánto quiere mostrar y cuánto quiere dejar pasar. O-Buit plantea así un lenguaje capaz de conectar arquitectura, interiorismo y mobiliario a través de un mismo sistema cerámico.
O-Buit, de Gresmanc Group.
—¿Qué retos técnicos planteó llevar una geometría tan orgánica al gres extrusionado sin perder precisión, resistencia ni capacidad modular?
—Fue uno de los grandes desafíos del proyecto. Cuando trabajamos con una geometría orgánica, aparentemente sencilla, cada curva tiene consecuencias a nivel industrial. Gracias a la tecnología de nuestra extrusión se pudo llevar a cabo.
Había que conseguir que la pieza mantuviera su expresividad, pero al mismo tiempo tuviera la precisión necesaria para poder repetirse y combinarse. También había que trabajar aspectos como los espesores, el comportamiento del gres durante el proceso de fabricación y cocción, las tolerancias y, por supuesto, la resistencia final.
Ahí el proyecto dejó de ser únicamente una cuestión de diseño y se convirtió en un trabajo de diseño, material y tecnología. Y creemos que precisamente esa combinación es la que ha permitido que O-Buit pueda pasar de una idea a un sistema real.
O-Buit, de Gresmanc Group.
—¿Cómo ha sido la coordinación con el equipo de Gresmanc Group hasta que se ha materializado el sistema?
—Ha sido un proceso muy colaborativo. Creemos que cuando un proyecto tiene una geometría poco convencional es fundamental que los departamentos de diseño y fabricación trabajen prácticamente como un único equipo. Una cosa es imaginar una forma y otra descubrir cómo se comporta realmente cuando entra en un proceso industrial.
Para nosotros es muy importante poder mantener la intención original durante todo ese recorrido y, al mismo tiempo, estar abiertos a las aportaciones que vienen desde el conocimiento técnico y productivo de los diversos departamentos que formamos el equipo Gresmanc.
—La colección se ha presentado como un lenguaje abierto, más que como una pieza cerrada. ¿Hasta qué punto el diseñador o el arquitecto puede «escribir» su propio proyecto con O-Buit?
—Muchísimo. De hecho, esa es una de las intenciones principales del proyecto. Nosotros no queríamos diseñar una solución que dijera al arquitecto: «esto se coloca así y funciona de esta manera». Queríamos proporcionar unas herramientas con las que cada profesional pudiera construir su propio lenguaje.
O-Buit funciona casi como un sistema de escritura. Las piezas son los caracteres y las combinaciones permiten construir diferentes «frases». El resultado final depende del proyecto, de la escala, de la orientación, de la luz y de la sensibilidad de quien lo utiliza. Eso hace que dos proyectos realizados con O-Buit puedan ser completamente diferentes y, sin embargo, pertenecer al mismo lenguaje.
—En Casa Decor y en Uno de 88, O-Buit se ha vinculado a una experiencia sensorial: luz, sombra, recorrido, atmósfera. ¿Qué reacción del público o de los profesionales te ha sorprendido más?
—Quizá lo que más nos ha sorprendido es comprobar que la gente no percibe O-Buit únicamente como una pieza cerámica. Cuando una persona se acerca, atraviesa o mira a través de una composición, empieza a descubrir sombras, transparencias y profundidad, y la percepción cambia constantemente. Nos gusta mucho cuando alguien se queda un rato observando cómo se transforma el espacio con el movimiento de la luz.
También nos ha sorprendido la reacción de muchos profesionales, porque han visto rápidamente posibilidades que incluso nosotros no habíamos imaginado. Y eso confirma algo que para nosotros era esencial: que el proyecto tenía que estar suficientemente abierto como para que otros pudieran hacerlo suyo.
—Ante el éxito cosechado y al ver tu idea plasmada a nivel industrial, ¿en qué próximos proyectos estás trabajando?
—Ahora mismo estamos muy centrados en seguir explorando cómo el diseño puede generar nuevas relaciones entre materia y espacio. O-Buit ha abierto una línea de investigación que queremos continuar desarrollando. Nos interesa seguir trabajando con sistemas que no sean únicamente objetos, sino herramientas capaces de transformar un espacio y generar experiencias diferentes.
Y, sobre todo, seguir llevando ideas que quizá inicialmente parecen difíciles de materializar hacia soluciones reales. Para nosotros, esa transición entre la intuición y la industria es una de las partes más interesantes del diseño.