Harquitectes en Mallorca: «La arquitectura debería hacer frente al calor con la menor ayuda mecánica posible»
La Setmana d’Arquitectura i Disseny del Club Pollença acoge una conferencia de Josep Ricart, cofundador uno de los mejores estudios de España
Xavier Ros, Josep Ricart, Roger Tudó y David Lorente, los socios del reputado estudio catalán Harquitectes.
Raquel Galán
22 agosto 2026 20:16
PALMA. El estudio catalán Harquitectes, considerado uno de los mejores de España, agotó de inmediato las entradas para la charla ofrecida por uno de sus socios, Josep Ricart, en la Setmana d’Arquitectura i Disseny del Club Pollença. Habló de sostenibilidad y vivienda como grandes retos de la arquitectura del siglo XXI tras visitar el refugio de Jørn Utzon en Mallorca, Can Lis, «un ejemplo perfecto de todo lo que queremos como arquitectos», dice sobre la filosofía de su equipo.
—Su estudio fue finalista en los premios FAD con un proyecto de viviendas sociales para el Ibavi que introdujo en Mallorca la llamada minería urbana. ¿Qué aporta esta innovadora técnica?
—Para nosotros, la primera opción arquitectónica es la reutilización. Sin embargo, no siempre se puede, como en este caso, ya que el edificio anterior era una antigua escuela y no tenía capacidad para albergar el nuevo uso. Con la minería urbana no tratas estos inmuebles como si fuesen una ruina, sino como una fuente de recursos en un entorno, la ciudad, que tradicionalmente no ha sido entendido así. Por lo tanto, se aborda la construcción existente para aprovechar lo máximo posible sus materiales. Con el proyecto del Ibavi los llevamos hasta un límite muy interesante.
—En los años de la crisis hicieron de la necesidad virtud y apostaron por la austeridad como algo bello. ¿Qué es la belleza?
—Creo que la idea de belleza según la entendemos los arquitectos tiene mucha relación con la experiencia. A menudo, socialmente se vincula lo bello a algo muy visual, a pesar de que la percepción que tenemos de las cosas no es solo visual, sino multisensorial. Los arquitectos nos hemos centrado últimamente en recuperar ese concepto más global, que tiene que ver con la experiencia de cómo el cuerpo humano siente los espacios construidos.
—¿En cuanto a calidad de vida?
—Sí, pero a veces se confunde la calidad de vida con la funcionalidad. La experiencia debe estar vinculada a los atributos del edificio, es decir, la forma en que el sol entra por las ventanas, la ventilación, si el calor se conserva en invierno y apenas entra en verano... Esto permanece en un inmueble. En cambio, cuanto menos vinculemos una edificación a una funcionalidad concreta, más capacidad tendrá de permanecer, de no volverse obsoleta. A lo largo de los años las funciones cambian, ya que la sociedad lo hace, y aquello que parecía tan práctico ha dejado finalmente de ser útil.
En relación a la austeridad, ¿se refieren a que la arquitectura no tiene por qué ser cara?
Ojalá. Nosotros la entendemos como una forma de construir más artesanal, que se note la mano del albañil, del carpintero, de quienes participan en el proceso. El espacio es más austero porque enseñas los ladrillos, la piedra cortada, sin unos acabados que esconden la mano que hay detrás. Aplicamos procesos tradicionales, aunque tristemente vivimos en un mundo en el que la producción industrializada es más barata a corto plazo que la artesanía porque no requiere horas o días de trabajo por parte de especialistas que sepan hacer un muro tapial, por ejemplo. Un producto aparentemente lujoso no es austero, aunque tampoco permanece en el tiempo, por lo que mucha gente se engaña pensando que es más económico.
—La sostenibilidad es otra de las señas de Harquitectes, pero ahora muchos se la apropian. ¿Se está desvirtuando?
—En multitud de casos, pero que se utilice de forma banal no quiere decir que no sea imprescindible la responsabilidad medioambiental por parte de quienes participamos en el proceso constructivo. Creo que los arquitectos debemos centrarnos en afrontar la crisis ecológica desde nuestra disciplina, mientras que los políticos tienen que hacer la parte que les corresponde, al igual que los biólogos y ecólogos. Nuestra misión como arquitectos en este sentido es construir inmuebles que demanden poco consumo energético.
—¿La arquitectura puede abordar las altas temperaturas del verano sin climatización artificial?
—El uso de ciertos materiales y de estrategias pasivas de climatización y la construcción de muros gruesos, entre otras medidas vinculadas a la termodinámica que ya emplean las construcciones tradicionales, era hasta ahora suficiente. Pero hay que reconocer que estamos llegando a unos momentos puntuales del año en que ha dejado de serlo. Por tanto, la arquitectura debería ser como navegar a vela, apostar al máximo por los medios naturales, es decir, estrategias ecológicas para hacer frente al calor con la menor ayuda mecánica posible, pero sabiendo que tienes un motor para mover el barco en momentos en los que sea prácticamente inevitable.
—En las nuevas construcciones de Mallorca proliferan las cajas de zapatos con amplios ventanales sin persianas, imitando los países del norte, lo que requiere un alto nivel de climatización artificial.
—Hay que empezar a hacer pagar a la gente por tener inmuebles con un nivel de consumo energético muy elevado. No puede ser que el precio de su energía sea el mismo que el de quien no requiere tanta demanda. Es como los impuestos, que son progresivos. Continuamos teniendo la falsa consciencia de que hay infinidad de recursos. Hemos perdido la noción de dependencia de la naturaleza, aunque creo que es responsabilidad de todos, tanto del nórdico que exige este tipo de casa con tal nivel de confort como de quienes se la ofrecen. Un promotor no querrá perder el cliente, por lo que como mínimo hay que hacerle pagar un peaje.
—Una parada obligada en la isla antes de la conferencia ha sido su visita a Can Lis. ¿Qué podemos aprender de Jørn Utzon?
—La actitud, curiosidad e interés de un nórdico que construyó en la isla un ejemplo perfecto de todo lo que queremos como arquitectos, un inmueble mediterráneo que se nutre de los recursos locales, una casa que profundiza en el arquetipo y podría estar en cualquier lugar y época del Mare Nostrum y sería un lugar maravilloso para vivir. Utzon creó una casa innovadora, pero que conecta con la tradición y garantiza el futuro, por lo que permanecerá en el tiempo ajena a las modas, tal como ha demostrado.