El ‘boom’ del robo de cobre salta de las vías del tren a edificios, placas solares y electrolineras
La sustracción de este material se ha disparado un 23% en el último año, azuzada por su alta cotización en el Mercado de Metales de Londres
Operarios retiran restos de una malla de hierro para hormigón y otros materiales en las obras de un centro de datos del norte de Madrid que sufrió un importante robo de cable de cobre este verano. / ALBA VIGARAY
Roberto Bécares
08 octubre 2026 14:36
MADRID. «Tenemos vigilancia por la noche, claro, pero sigue habiendo robos, sobre todo ahora que el cobre vale tanto, pero, vamos, que se llevan cobre, aluminio, y lo que pillen, sobre todo de los almacenes». Juan Manuel trabaja en uno de los múltiples bloques de viviendas que se están construyendo en la zona nueva de Villa de Vallecas (Madrid), que se ha convertido en ’El Dorado’ para los ladrones de cobre. Cada dos por tres hay robos. Carteles de compañías de seguridad y de videovigilancia 24 horas buscan disuadir a los amigos de lo ajeno, pero ni con esas. «Nosotros ya no ponemos nuestro logo en los almacenes, porque detectan fácilmente que ahí tenemos bovinas de cable de cobre», admite Samuel, empleado de una compañía de instalaciones eléctricas en viviendas.
«Desde la pandemia, el robo de cobre ha aumentado al menos un 4% cada año», confirma a EL PERIÓDICO José Luis Vereda, capitán de la Unidad Técnica de la Policía Judicial de la Guardia Civil. El precio disparado de este perfecto conductor de electricidad en el Mercado de Metales Londres, donde ha alcanzado su nivel más alto de los últimos 12 años, entre 14.300 y 14.700 dólares la tonelada, y la facilidad para borrar su trazabilidad -es muy fácil de fundir, borrando el rastro de su procedencia- han agravado los robos en España en los últimos meses.
«El cable de cobre que más se roba ahora es el de las placas fotovoltaicas. Normalmente suelen estar en lugares con escasa vigilancia y sin protección», explica José Luis Vereda, capitán de la Guardia Civil.
El Ministerio del Interior, a través del Sistema Estadístico de Criminalidad (SEC), contabilizó 5.691 hechos conocidos de sustracción de cableado de cobre y materiales conductores en 2025 [sin contar los robos en Catalunya y País Vasco], casi un 150% más que en 2021 y un 23% más que en 2024.
«Es que el precio es una barbaridad y no para de subir porque es un metal fundamental. Se necesita para los conductores y semiconductores; todo lo que es Inteligencia artificial y tarjetas gráficas necesita cobre y es un metal que además no se produce en todo el mundo», apunta Emilio Vizuete, profesor de la Business School de la Universidad de Barcelona. «Las existencias son las que son, es un metal que tiene una vida cíclica y es muy fácil de reutilizar», razona Vereda.
Hasta ahora, los hurtos más comunes en España se producían en los cables de las líneas ferroviarias -Adif ha presentado en el primer semestre de este año 409 denuncias por la sustracción de diferentes tipos de cable, casi la misma cifra que en todo 2025-, pero las fuerzas de Seguridad han detectado también un incremento de robos en edificios en construcción, granjas de placas solares y electrolineras, muchas de ellas en Catalunya.
Según el último barómetro de la electromovilidad de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), correspondiente al segundo trimestre de 2025, del total de 11.940 puntos de recarga de coches eléctricos acceso de público de Catalunya (56.682 en toda España), 3.628 (17.821 en total) estaban fuera de servicio, bien porque están en mal estado por robos de las mangueras -son las que llevan cobre-, averiados, o porque aún no han podido conectarse a la red de distribución eléctrica. Es decir, casi un tercio de puntos están inactivos.
Incidentes vandálicos
«Hay un creciente impacto del vandalismo sobre las infraestructuras de movilidad eléctrica, un fenómeno que no solo genera costes de reparación, sino que también afecta a la disponibilidad del servicio para los usuarios», admiten a este diario desde Endesa, donde afirman que desde el inicio del despliegue de la red en 2018 han registrado un total de 93 incidentes vandálicos en sus instalaciones, 31 de ellos en Catalunya.
«Además de en el tendido telefónico y ferroviario, ahora mismo el cable de cobre que más se roba es el de las placas fotovoltaicas. Cada una de ellas tiene una instalación de cobre y normalmente suelen estar en lugares con escasa vigilancia y sin protección; si es un recinto vallado entran fácilmente con una cizalla», explica el mando de la Guardia Civil sobre estos robos que se acentúan en zonas despobladas donde «la proporción del beneficio con respecto al riesgo es alto». «Desafortundamente cada vez hay más y te pueden llegar a paralizar la planta entera. El daño que causan es muy importante», lamenta José Donoso, director general de la Unión Española Fotovoltaica.
La construcción no se libra tampoco de los delincuentes. Según el Informe sobre el Crimen 2026 elaborado por BauWatch, proveedor líder en Europa de soluciones de videovigilancia móvil y seguridad temporal, el 80,4% de los profesionales del sector en España afirma haber sufrido robos en obra, frente al 75,8% registrado en 2025. El material más robado muy por encima del resto, el cobre.
Los investigadores tienen muy complicado llegar hasta los ladrones, porque en muchos casos no hay cámaras de vigilancia que permitan rastrear matrículas o porque el robo se comunica varios días después de haberse cometido, como suele pasar en las vías ferroviarias, donde los robos provocan severos retrasos en los trenes, como ocurre con frecuencia en Rodalies.
«Depende de la pericia del ladrón, algunos toman precauciones y en vez de cortar dos o tres cables, se llevan solo uno y no hay perjuicio a la vía, por lo que se descubre meses después cuando va el de mantenimiento», señala el cargo del Instituto Armado, que aprecia que los ladrones ya saben que si causan un «gran prejuicio», como ocurrió con el robo de cable en la línea del AVE en Toledo en mayo de 2025, que provocó retrasos en decenas de trenes, «saben que van a ir a por ti».
Vigilancia con drones
En Adif, el gestor ferroviario, están trabajando en varios proyectos pilotos de vigilancia con drones y cámaras con inteligencia artificial -«No vamos a facilitar información por seguridad», dicen-, pero los investigadores sostienen que es «muy difícil» prevenir estos robos ya que hay miles y miles de kilómetros de red ferroviaria y las instalaciones muchas están en sitios de difícil acceso.
Se trata de un tipo de delincuencia «muy asentada en España», precisan los investigadores de la Guardia Civil, que aseguran que la mayor parte se revende en territorio nacional, en «chatarrerías piratas donde se funde y una vez fundido, muchas veces en bolas de cobre, tiene una trazabilidad nula, no es como el robo de un coche, que si no se borra tendrá el mismo número de bastidor». Las zonas más afectadas por los robos en los últimos meses son Galicia, Catalunya, el Levante, el sur de Madrid y el norte de Toledo.
La mayoría de sustracciones de material las perpetran pequeños núcleos delincuenciales, a veces incluso familiares, «procedentes de Europa del Este», y en algunos casos disponen de una nave donde ellos mismos los funden, lo que dificulta al chatarrero saber su procedencia. Las inspecciones en las chatarrerías son constantes, dicen en la Guardia Civil, pero sigue siendo «muy difícil» de investigar, ya que en el libro de registros puede aparecer «que sea un desperdicio de obra, pero él sabe que viene de cobre telefónico, por ejemplo; al no haber número de serie no se puede saber». «Confiamos en la honestidad de los chatarreros», añade el capitán de la Guardia Civil.
«Nosotros no compramos ni cobre telefónico ni nada que sea en apariencia nuevo porque puede ser robado», señalan en una chatarrería del centro de Madrid, donde se arraciman en un esquinazo decenas de tuberías de cobre. «Aquí todo se hace con la máxima seguridad», dice ufano el empleado señalando un viejo cartel que explica que solo se compra cobre a quién «presente el DNI o tenga el permiso de residencia en regla». No hace falta nada más. Ahora mismo el kilo de cobre limpio, que no requiere pelarse, ronda «los nueve euros» en las chatarrerías de Madrid. Muchas son chatarrerías ambulantes que ofrecen su servicio por internet. Consultadas varias para este reportaje se han negado a hacer declaraciones. «¿Pero tú quién eres?», preguntan varios.