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Opinión | «Retribuciones y peajes: una metodología robusta, estable y competitiva»

Las valoraciones de Verónica Rivière, presidenta de GasINDUSTRIAL, sobre la coyuntura del sector
Verónica Rivière.
Verónica Rivière - Presidenta GasINDUSTRIAL

MADRID. En los últimos meses, el foco regulatorio se ha centrado en la retribución del sistema eléctrico. Este año, la atención se traslada al sistema gasista. Conviene afrontarlo con una premisa clara: aprender de lo que funciona y evitar repetir ineficiencias ya superadas.

Es importante recordar un principio básico que a veces se olvida: son los consumidores quienes pagan las retribuciones reguladas. Por eso, cualquier ajuste en el modelo retributivo tiene un impacto directo sobre el coste energético y, con ello, sobre la competitividad de la industria. El nuevo periodo regulatorio es una oportunidad para consolidar un modelo equilibrado, estable y sensato. Es fundamental que la metodología retributiva se base en criterios de eficiencia, sostenibilidad y costes razonables, sin comprometer la seguridad de suministro.

El año finalizaba con la consulta pública de dos informes de la CNMC: el Informe de evaluación del modelo retributivo de la actividad de distribución de gas natural, establecido por la Circular 4/2020, y el Informe de evaluación del modelo retributivo de transporte de gas natural y plantas de GNL, de acuerdo con lo establecido en la Circular 8/2020.

Los datos publicados por la CNMC en sus informes de evaluación son claros. El modelo retributivo vigente ha cumplido su función, garantizar una rentabilidad suficiente y razonable a empresas eficientes, sin trasladar ineficiencias al consumidor.

El modelo regulatorio está basado en la empresa eficiente. La retribución no debe diseñarse para garantizar la rentabilidad de los modelos de negocio menos eficientes o más apalancados, sino para que el conjunto de empresas tenga incentivos claros a converger hacia los estándares de eficiencia y rentabilidad razonable. La principal distribuidora del país y sus filiales muestran rentabilidades muy holgadas, claramente por encima de los promedios del sector. Esa es en una actividad madura y estandarizada, la referencia natural de “empresa tipo eficiente” que debe utilizarse al fijar parámetros retributivos.

Los datos reflejan valores estables, con ROE cercanos al 20% y ROI por encima del 10%. El mensaje regulatorio debe ser que el objetivo del resto es converger hacia esos niveles de eficiencia, y no elevar la retribución hasta que incluso las empresas menos eficientes alcancen rentabilidades similares. Ninguna empresa con solvencia en aumento, deuda a la baja y dividendos elevados puede decir que su retribución es insuficiente.

El ajuste de ingresos es coherente con una actividad madura de bajo CAPEX. El inmovilizado neto del sector disminuye de forma estructural y la inversión ejecutada no compensa la amortización, evidenciando una menor necesidad de capital para prestar la actividad.

Uno de los mayores méritos del actual modelo retributivo es haber demostrado su robustez en escenarios extraordinariamente complejos. Tras el impacto del COVID y de la invasión de Ucrania —el mayor shock para el sistema gasista en décadas—, la retribución apenas se redujo un -2,6%, a pesar de una caída muy superior de la demanda. Este comportamiento confirma que la metodología vigente protege adecuadamente la viabilidad del sistema sin necesidad de introducir sobrecostes adicionales para los consumidores y demuestra una notable capacidad de amortiguación.

La eliminación gradual de sobreretribuciones históricas (RCS y la aplicación del AAD) ha contribuido decisivamente a este equilibrio. Gracias a ello, los peajes actuales reflejan mucho mejor los costes reales del sistema, corrigiendo distorsiones históricas y evitando sobreretribuciones. Hoy, por fin, contamos con unos peajes más ajustados, más transparentes y más alineados con la realidad económica del sector.

Ahora el reto es claro: afianzar un modelo que ha demostrado su eficacia. La responsabilidad del Ministerio y del regulador es preservar la disciplina económica alcanzada y evitar volver a los excesos del pasado. Cada euro adicional de retribución se traduce automáticamente en más peajes, menos competitividad y menos industria. Y esa factura, la industria no está dispuesta a volver a pagarla.

Este equilibrio es una buena noticia para todos. Para las empresas gasistas, porque operan en un marco estable que garantiza una rentabilidad razonable. Para el regulador, porque dispone de una metodología contrastada y avalada por los datos. Y para la industria, porque los peajes reflejan cada vez mejor la realidad de los costes, reforzando su competitividad en un contexto internacional exigente. Cuando el marco regulatorio es equilibrado y los peajes reflejan una rentabilidad razonable, todos ganamos.