CONSTRUCCIÓN

La receta de la la Universitat Politècnica de València para construir edificios resistentes a los terremotos

El equipo Building Resilient investiga cómo impulsar la “robustez estructural” de edificios ya construidos o de nuevo diseño
Estructura de un edifico construido por la UPV para testar el método de «fusibles estructurales».
Marta Rojo

VALENCIA. Para explicarlo, usan imágenes muy diversas: desde fusibles hasta colas de largartija. Es decir, toda aquella parte de algo más grande que se puede cortar o perder sin que se pierda la estructura general. La imagen de una lagartija que pierde la cola pero sigue viva, y la de una instalación eléctrica que salta solo en parte, son dos de las metáforas que utilizan los miembros del equipo Building Resilient de la Universitat Politècnica de València para explicar el fundamento de su proyecto de investigación. Un proyecto con un objetivo que, a la luz de lo ocurrido en Venezuela, con dos sismos seguidos que han dejado miles de muertos, cobra especial relevancia: construir edificios resistentes a los terremotos

Uno de los miembros de ese equipo es el ingeniero e investigador de la Universitat Politècnica de València Manolo Buitrago qué explica que el proyecto investiga cómo impulsar la robustez estructural de los edificios, es decir, procurar que sean insensibles a daños locales. Como -otro- ejemplo ilustrativo: que si un camión impacta contra una columna de un edificio y esta se pierde, que el edificio entero no colapse. Pero también, claro, que las edificaciones no se derrumben fruto de terremotos, tsunamis, explosiones o impactos.

En teoría, las normas de construcción antisísmica ya contemplan todas las medidas de prevención posibles para que los edificios no se derrumben cuando se produce un terremoto. Pero, claro, hay agujeros. En primer lugar, porque esas normativas son más recientes que muchas de las edificaciones. Y en segundo lugar, porque las catástrofes naturales no siguen normas y, aunque se prevé normativamente que las ciudades puedan sufrir grandes terremotos, ninguna norma contempla, por ejemplo, lo ocurrido en Venezuela, donde se produjeron dos sismos de gran magnitud en menos de un minuto.

Una viga de cubierta que reparte las cargas

Por eso, desde la UPV buscan blindar tanto los edificios más antiguos o, al menos, ya construidos, como los de nueva construcción. En los que ya están en pie, las soluciones tradicionales pasaban por cambios costosos y complicados en las estructuras, pero desde Building Resilient proponen otra “más económica y más global”, dice Buitrago. La idea es cambiar un solo elemento de la cubierta.

En concreto, la solución pasa por una viga de cubierta perimetral, una especie de “barandilla estructural” que recorre la parte superior de la edificación de extremo a extremo. La función de esa viga es que, cuando una de las partes del edificio sufre algún daño, como los efectos de un terremoto, una inundación o una explosión, el resto de la edificación se queda “colgando” de la viga de cubierta, en el sentido de que esa estructura, a falta de la parte dañada, reparte la carga entre las columnas que sí están en pie y mantiene el equilibrio interno.

Eso para los edificios que ya se levantan sobre las calles de ciudades y pueblos. Pero para los de nueva construcción, la apuesta de los investigadores de la Universitat Politècnica de València es incidir en el diseño del edificio. Hay muchas formas de hacerlo y de incrementar esa “robustez estructural”. “En edificios de hormigón armado se podría poner más y más acero, pero eso no tiene mérito”, dice Buitrago.

Lo que sí tiene mérito constructivo es diseñar un mapa constructivo muy detallado, en el que se tengan muy en cuenta elementos internos de los edificios como las armaduras. El objetivo de este sistema, que fue portada de la revista Nature en 2024, es hacer una especie de mapeo o de sistema de cargas por el cual, ante un daño parcial, se pueda aislar y perder solo la parte dañada y mantener el resto de la estructura.

“Imaginemos que perdemos siete u ocho columnas en un edificio muy largo. La evidencia de colapsos en todo el mundo nos dice que esa parte que cae puede desestabilizar la parte que está en pie y hacer que el colapso se propague al resto, de modo que el colapso del edificio sea completo”, explica el ingeniero. Pero lo que permite el sistema ideado por UPV es “parar el colapso ahí”. “La estrategia es la de los fusibles estructurales; el diseño del edificio actúa como un fusible eléctrico: ante una subida de tensión, salta el fusible y corta la propagación”, explica.

“Dejamos que caiga la parte afectada, porque ya se iba a caer y permitimos que se mantenga lo demás”, explica. Se minimizan, de este modo, los daños y se garantiza que el grueso siga en pie. “Como las lagartijas, que sueltan la cola cuando viene un depredador y escapan”, ejemplifica Manolo Buitrago.

Ahora, desde Building Resilient han construido la estructura de un edificio en el Campus de Vera que van a demoler simulando el efecto de un terremoto. Más bien, a intentarlo. Lo que ocurrirá, como en las pruebas anteriores, es que los cortafuegos constructivos funcionarán, la cola de la lagartija se desprenderá del resto y la estructura se salvará del temblor de la tierra.