INDUSTRIA

Opinión | Javier López: «La próxima batalla de la cerámica no se librará en el horno»

El director general de Reymansa expresa que «la industria lleva años hablando de energía y descarbonización. Pero hay otra cuestión igual de decisiva: qué papel ocupará la cerámica en la nueva forma de construir»
El director general de Reymansa, Javier López, durante su reciente participación en el congreso Ignite, en Castellón.
Javier López, CEO de Reymansa

CASTELLÓ. España produce 427 millones de m² de cerámica al año y factura 4.834 millones de euros, con un 72 % de la producción exportada (Ascer, 2025). Es un liderazgo difícil de discutir. Pero el liderazgo de mañana puede decidirse en otro lugar: no en el horno, sino en la obra, allí donde una solución ligera se monta con pocas operaciones y una solución tradicional exige más pasos, más oficios y más tiempo.

Hace años que defiendo, en foros del sector cerámico y de la construcción, que la cerámica debe dejar de entenderse sólo como un producto y empezar a concebirse como parte de un sistema constructivo. Lo que ha cambiado es el plazo. Ya no hablamos de la construcción de dentro de diez o veinte años: el cambio está ocurriendo, y el margen para decidir qué posición ocupará la cerámica en él puede ser mucho más corto de lo que pensamos.

Ignite 2026: el cambio ya está ocurriendo

A finales de septiembre, en Ignite 2026 (Congreso Internacional de Innovación Cerámica, Castellón), pude volver a situar este proyecto en un contexto más amplio: el de una construcción que modifica a gran velocidad sus procesos, sus materiales y sus exigencias. Industrialización, prefabricación, construcción en seco y fabricación fuera de obra ya no son conceptos de futuro: están cambiando cómo se diseñan, se fabrican y se montan los edificios.

Esto plantea una cuestión estratégica. La competencia de la cerámica no procede solo de otros productos cerámicos. En determinadas aplicaciones, materiales como el Spc, las láminas de aluminio decorado o los composites planos decorados ganan terreno por una razón concreta: se instalan más rápido, con menos operaciones y de forma más fácil y limpia. Además, encajan mejor en procesos industrializados. Y ya los encontramos tanto en reformas como en obra nueva, incluso sin que esta sea industrializada.

No son, en términos generales, técnicamente superiores a la cerámica, que conserva ventajas difíciles de igualar en durabilidad, higiene y comportamiento superficial. Pero resuelven de forma sencilla los problemas que el nuevo modelo constructivo coloca en primer plano. Y cuando cambia la forma de construir, también cambia la forma en que se comparan los materiales.

La facilidad de instalación ya es una variable estratégica

Durante décadas, la cerámica ha construido su posición sobre prestaciones difíciles de discutir: durabilidad, resistencia, estabilidad, higiene, comportamiento superficial y una enorme capacidad estética e industrial. Pero en una construcción cada vez más industrializada esas propiedades, por sí solas, pueden dejar de bastar. El mercado ya no compara únicamente materiales: compara sistemas, tiempos, operaciones, peso, logística, mano de obra y facilidad de montaje.

Ahí aparece una paradoja. Podemos conseguir una pieza cerámica extraordinariamente eficiente en energía y en producción; pero si después necesita más operaciones, más tiempo y más complejidad para incorporarse al edificio que una alternativa, parte de esa ventaja se pierde en obra. Por eso la pregunta ya no puede ser solo cómo fabricar una cerámica más eficiente, sino también cómo conseguir que sea más fácil de integrar en la construcción que ya está llegando.

El horno es necesario, pero no suficiente

La descarbonización seguirá siendo uno de los grandes desafíos de la industria: electrificación de procesos, energías renovables, eficiencia térmica y, a más largo plazo, hidrógeno u otras alternativas. Es una condición necesaria. Pero no es suficiente. Podemos reducir la energía con la que se fabrica una pieza y, aun así, no resolver cómo esa pieza se integra en una construcción que exige menos peso, menos residuos, menos operaciones y más velocidad de montaje.

La sostenibilidad de un producto no termina cuando sale del horno. Cuenta también de qué materiales está hecho, qué ocurre con él al terminar su vida útil, cuánto material necesita, cuánto pesa, cómo se transporta y se manipula, cuántas operaciones requiere su instalación y qué posibilidades ofrece para formar parte de sistemas industrializados. Se abre así una segunda vía de innovación, complementaria a la primera: no solo fabricar mejor la cerámica, sino transformar la manera en que participa en el edificio.

Del producto al sistema

En este campo se desarrolla el trabajo de Reymansa y del Novodecor® Core System. Si la construcción evoluciona hacia sistemas más ligeros, industrializados y secos, la cerámica debe poder integrarse en ellos sin renunciar a las prestaciones que la han convertido en material de referencia. Eso conduce a sistemas multicapa en los que la pieza cerámica deja de ser un elemento aislado y pasa a formar parte de una solución constructiva: un porcelánico de pocos milímetros unido a un núcleo polimérico estructural, con menos material cerámico, menos peso y una integración más directa en procesos de fabricación y montaje industrializados. Esto permite, además, simplificar la obra: el sistema puede instalarse sobre un soporte o instalarse directamente sobre los montantes, sin placa de yeso laminado. Menos capas y menos operaciones se traducen en menos tiempo, menos coste y menos emisiones.

No es una hipótesis. El mercado ya se mueve en esta dirección: en Italia, un fabricante de lámina porcelánica produce industrialmente sándwich cerámico para revestimientos de obra seca y lo exporta a Estados Unidos; en Turquía, un fabricante cerámico dispone de un panel sándwich homologado para obra seca; y en Suecia, la construcción industrializada de baños completos ya se apoya en núcleos estructurales sándwich, con línea automatizada y sin montantes, losa de hormigón ni placa de yeso laminado.

El objetivo no es sustituir la cerámica por otro material, sino que pueda competir dentro de las nuevas reglas de la construcción. La innovación no consiste necesariamente en fabricar una baldosa diferente, sino en cambiar la unidad de innovación: de la pieza al conjunto, del producto al sistema. E industrializar no es trasladar los procesos tradicionales a una nave: cortar y rejuntar sigue siendo cortar y rejuntar, aunque se haga bajo techo.

Del vertedero al edificio, y vuelta

Pensar en sistemas abre además una circularidad de ida y vuelta. A la entrada, el núcleo se fabrica con un 80 % de material reciclado, entre ellos residuos de un solo uso: del vertedero al edificio. A la salida, el sistema puede recuperarse al final de su vida útil: el polvo cerámico vuelve a la fábrica como materia prima secundaria y el resto de componentes puede reincorporarse a nuevos núcleos y resinas recicladas. Este proceso de reciclado lo presentamos en nuestra ponencia de Qualicer 2024 y lo hemos retomado en Ignite 2026. La circularidad deja de ser una limitación del producto para convertirse en una ventaja del diseño.

Tres horizontes para la transformación

No todas las tecnologías evolucionarán al mismo ritmo.

1.- Desde ahora: reducción de espesores cuando sea técnicamente viable, valorización de residuos de un solo uso en el núcleo, soluciones multicapa, componentes prefabricados y sistemas compatibles con construcción en seco.

2.- A continuación: mayor automatización, nuevos procesos de transformación, fabricación digital, reciclado del sistema al final de su vida útil e integración de materiales en sistemas constructivos cada vez más industrializados.

3.- Más adelante: electrificación integral de determinados procesos, hidrógeno y otras soluciones que hoy dependen todavía de su evolución tecnológica y económica.

No necesitamos esperar al horno del futuro para empezar a transformar el producto del presente.

Tres preguntas para el sector

La cuestión estratégica ya no es solo cómo conseguir que la construcción siga utilizando cerámica, sino cómo lograr que la cerámica sea una de las soluciones que la nueva construcción quiera utilizar. Tres preguntas que cualquier fabricante puede plantearse hoy:

1.- ¿Cuántas operaciones, oficios y horas requiere instalar mi producto, frente a la alternativa ligera que ya llega al prescriptor?

2.- ¿Puede mi producto formar parte de un sistema prefabricado o de montaje en seco, y qué ocurrirá con él al final de su vida útil?

3.- ¿Qué parte de mi innovación está en el horno y qué parte está en la obra?

La transición energética transformará cómo fabricaremos la cerámica. La industrialización puede determinar cómo la utilizaremos. Y quizá la próxima revolución del sector no consista solo en fabricar una pieza mejor, sino en conseguir que la cerámica forme parte de un sistema constructivo mejor.