ARQUITECTURA

CaixaResearch Institute, un reto arquitectónico de 100 millones de euros

Su ubicación a los pies de Collserola (Barcelona) ha logrado que todo el edificio se haya construido siguiendo criterios que priorizan la eficiencia energética y el respeto por el medio ambiente, con una clara apuesta por el uso de energías renovables
El nuevo centro CaixaResearch Institute.
Patricia López Avilés

BARCELONA. Un reto arquitectónico de primer nivel, así se define CaixaResearch Institute, el nuevo proyecto financiado por la Fundación La Caixa y que destaca por su integración en un entorno privilegiado y por proporcionar un espacio a la ciencia y a la investigación.

Más allá de un centro de trabajo, el CaixaResearch Institute es un espacio de conexión donde la innovación y la sostenibilidad juegan un papel clave en el desarrollo de la ciencia.

El enclave, diseñado por TAC Arquitectes en colaboración con el Ajuntament de Barcelona, supondrá una inversión de 100 millones de euros y está pensado para albergar los futuros avances científicos de Catalunya. El edificio se divide en dos módulos: el recién inaugurado y otro cuya apertura está prevista para una fase posterior. En total, la superficie útil será de aproximadamente 20.000 m2, que ocupan un punto privilegiado de Barcelona entre la ronda de Dalt y el Parque Natural de Collserola, una zona de gran valor medioambiental, conocida como el pulmón de la capital catalana.

Y es que, un elemento indispensable a la hora de dar forma al CaixaResearch Institute ha sido conseguir un diseño atractivo y a la vez sostenible. Su ubicación a los pies de Collserola ha logrado que todo el edificio se haya levantado siguiendo criterios que priorizan la eficiencia energética y el respeto por el medio ambiente, con una clara apuesta por el uso de energías renovables.

En este contexto cobra especial relevancia la voluntad de poner al servicio de la ciencia la arquitectura, concebida como una herramienta que acompaña y potencia la investigación.

Una de las misiones principales del centro es evitar el hermetismo y acercar sus avances científicos a la ciudadanía. Este ha sido uno de los motivos de su proximidad al Museo de la Ciencia CosmoCaixa, ya que, de este modo, favorece la creación de un campus científico accesible para todo tipo de públicos.

Además, la construcción del centro ha permitido que la capital catalana gane unos nuevos jardines. Este nuevo espacio verde está pensado para rendir homenaje a Francesc Moragas, fundador de La Caixa de Pensions per a la Vellesa i d’Estalvi hace más de 120 años.

Concebido como un emplazamiento de conexión entre ambos edificios, este nexo abierto a la ciudad se configura como el punto más representativo del campus, articulado en torno a una amplia ágora cubierta que organiza el conjunto.

Y es que, en una ciudad como Barcelona, estos elementos no solo ayudan a atraer y retener talento, sino que también ofrecen a los equipos de investigación un entorno de trabajo inspirador y de alta calidad.

La arquitectura del edificio tampoco pasa desapercibida: desde TAC Arquitectes cuentan que la idea se inspira, en parte, en el modelo de los hospitales de principios del siglo XX, organizados en pabellones conectados entre sí por patios y jardines para generar espacios verdes.

“Ahora todavía hablamos de sostenibilidad como un requerimiento especial, como una novedad, pero dentro de unos años ya no, porque será algo incluido de serie en cualquier edificio”, señala el arquitecto Eduard Gascón, que ha asumido el liderazgo de la construcción.

Entre las medidas adoptadas destaca la implantación de sondas geotérmicas para la obtención de agua fría y caliente de climatización, paneles fotovoltaicos para la producción de energía eléctrica y sistemas de recogida de agua de lluvia para riego y uso interno.

Como explica Gascón, con este conjunto de medidas se logrará un ahorro energético del 38% y una reducción del consumo de agua del 40%. La característica más destacada es que “se trata de un edificio absolutamente descarbonizado” y que, una vez en funcionamiento, operará “solamente con energía de procedencia renovable”.

Facilitar el trabajo independiente

El interior del centro tampoco pasa desapercibido: el edificio está distribuido en tres plantas escalonadas que se adaptan a la pendiente del terreno y se integran en el paisaje. “Desde CosmoCaixa se mantiene la vista del perfil de Collserola, una decisión arquitectónica que preserva la relación visual con el entorno natural y refuerza la voluntad de integración del proyecto en su contexto urbano y medioambiental”, apunta el arquitecto.

Al cruzar las puertas del recinto, una imponente escultura da la bienvenida a los visitantes: ‘Pentágono en el sentido contrario a las agujas del reloj’, erigida por uno de los artistas plásticos más relevantes del siglo XX, Richard Serra.

La pieza, de 3.500 toneladas de peso, está compuesta por cinco planchas de acero Corten ligeramente inclinadas que se sostienen en equilibrio para configurar un pentágono en su interior.

Pentágono en el sentido contrario a las agujas del reloj.

El bloque está estructurado en ‘unidades de investigación’ para facilitar el trabajo independiente de los investigadores, y cada una dispone de dos laboratorios con equipamientos técnicos de última generación. Además, en los niveles inferiores se ubican el biobanco y los sistemas de refrigeración y congelación de muestras y tejidos.

El edificio cuenta también con oficinas para las correspondientes tareas de gestión y administración, así como un área de recepción y una sala de eventos, cursos de formación y networking.

Es más, a medida que vaya creciendo la actividad del centro, el espacio se irá adaptando a las necesidades de los trabajadores, ya que podrá ampliar su capacidad hasta las 500 personas.