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Un hotel de lujo abre en una histórica villa de la provincia de Castellón

El inmueble cuenta con nueve habitaciones, incluye servicio de restaurante y abrirá durante todo el año

06.06.2023 15:28

El Huerto de Carles, una de las villas modernistas más emblemáticas y conocidas de la Belle Époque de la localidad castellonense de Navajas, vuelve a abrir sus puertas. Lo hace convertido en un hotel-restaurante de lujo, como ya lo fuera en su momento, con el objetivo de atraer visitantes durante todo el año y dinamizar tanto la localidad en particular como la comarca del Alto Palancia en general.

Después de que los antiguos gestores cerraran el hotel hace 10 años y poco tiempo después hiciera lo propio el restaurante, este fastuoso complejo ubicado en el parque municipal de Navajas y rodeado de jardines se quedó huérfano de visitas y actividad, lo que propició la aparición del vandalismo y que su elegante apariencia se viera algo deteriorada.

Consciente del potencial de este entorno tan atractivo, el Ayuntamiento apostó por recuperar este espacio único y, tras años de pleitos con los anteriores arrendatarios y tras devolver el conjunto arquitectónico a su esplendor, en marzo volvió a licitar la gestión del hotel-restaurante con la esperanza de despertar el interés de algún empresario. En esta ocasión, decidieron reducir el alquiler para evitar que el concurso quedara desierto como la primera vez.

Ahí entran en escena Eva Arjona y Mónica Hoyos, las dos socias que se encargarán de regentar el negocio. Tras una expectante jornada de puertas abiertas, la semana pasada fue la inauguración oficial de 1893 Hotel Boutique, un establecimiento reconocido con dos estrellas, pero que, por el mismo precio, ofrecerá «un servicio equivalente a cuatro» para sobre todo darse a conocer ahora en el principio de su andadura.

Lavado de cara

Estas dos socias que se llevaron la puja para hacerse a cargo del complejo ponen en valor la labor del Ayuntamiento por realizar las tareas más pesadas de la rehabilitación antes de sacar el concurso público. «Nos han puesto todo facilidades. Tiraron abajo toda la fachada lateral y se han encargado de la instalación eléctrica y la fontanería. Han invertido unos 85.000 euros», agradece Arjona, que añade que su papel fue el de ocuparse de temas «más estéticos», como embellecer la cocina, la pintura, la decoración o cambiar camas y muebles.

El renovado hotel, que decenas de vecinos y visitantes pudieron recorrer este viernes, consta de dos plantas y tiene una capacidad para unas 24-25 personas. «En total, tenemos nueve habitaciones: cuatro con terraza al parque (que son las más lujosas), cuatro abuhardilladas y una pet-friendly adaptada a la entrada de mascotas, ya que sabemos que es un tipo de turismo que está en auge ahora», cuenta.

$!Algunas de las habitaciones que ofrece el hotel.

Aunque hay muchos hoteles de este estilo que optan por abrir solo en temporada alta, sus gerentes dejan claro que la intención es abrir «durante todo el año». Más allá del tirón que pueda suponer la reapertura del hotel en este rincón tan envidiable de Navajas, quieren potenciar la llegada de huéspedes a través de la organización de «jornadas gastronómicas» y «crear eventos», como «noches temáticas y tardeos». De hecho, ya tienen reservado en agenda acoger varias comuniones y bautizos a corto plazo.

El Ayuntamiento compró la villa en los años 60

El Huerto de Carles es de planta cuadrangular, se eleva sobre el terreno y el acceso es por escalera central. En origen tenía un pasillo central y estancias a ambos lados. Consta de dos plantas y una baja con una amplia terraza la circunda. La fachada tiene ventanas decoradas con dinteles y guirnaldas, balcones con doble arcada coronada con tímpano triangular. El tejado está rematado con piezas cerámicas en forma de copa y su interior fue totalmente transformado en hotel.

Según la informadora turística Pilar Vañó, la construyeron para el matrimonio de Juan Carles y Conchita Contell, y es gemela en estilo y contemporánea de la de su hermano José Carles. Después de finalizar la guerra civil, la adquirió la familia Terrada, los últimos propietarios que la alquilaron en los años 40 a una sociedad recreativa privada, llamada Tenis Club, fundada en la posguerra y dirigida por Pepín Carles. Sus miembros eran veraneantes de la burguesía valenciana y se reunían para echar sus partidas de juegos de mesa y también torneos de tenis, por ello se la conocía como el Casino.

A finales de los 60, el Ayuntamiento compró a esta familia la propiedad, mediante un préstamo sufragado con aportaciones voluntarias de los vecinos. Desde entonces se convirtió en un espacio público de recreo, con instalaciones de deportivas junto a las piscinas, conocido como parque municipal. La casa albergó durante la guerra civil a los servicios de la Inclusa (Instituto Provincial de Puericultura de Madrid) desde finales de 1936 hasta su evacuación a principios del 38.