VALENCIA. El Sidi Saler tiene un nuevo proyecto tras 15 años de abandono y degradación. Como ha venido informando Levante-EMV, una empresa valenciana acaba de adquirir el edificio con la voluntad de reabrirlo como hotel de cinco estrellas integrado en el Parque Natural de l’Albufera. La nueva empresa propietaria se llama Lukeson Management, S.L. y pertenece al Grupo Safadi Promotora, con sus oficinas centrales radicadas en la ciudad de València –donde opera desde hace más de 30 años– y un equipo técnico de arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros y diseñadores locales entre sus filas.
El proyecto que desvela este diario ha sido diseñado por un importante despacho de arquitectura del Cap i Casal y trata de adaptarse a las exigencias de las administraciones competentes, que reclaman una rehabilitación y un uso sostenibles. La estrategia de Lukeson Management consiste en recuperar la infraestructura de su ruina actual, mantener la estructura existente del edificio –clave para conservar la concesión de Costas– y aprovechar la energía ya incorporada en la construcción original, de seis plantas.
El nuevo diseño para el primer hotel de lujo de València reduce las 276 habitaciones actuales y genera suites de mayor tamaño, con lo que sería necesario unir habitaciones según la configuración actual para obtener esta suite. El nuevo Sidi Saler contempla integrar además un restaurante abierto al público y, según puede observarse en las figuraciones a las que ha accedido este diario, contaría con una piscina de grandes dimensiones situada en la frontera del complejo hotelero con la playa del Garrofera.
La arquitectura evita la imagen de un volumen compacto. Los grandes paños ciegos se fragmentan mediante una composición horizontal de geometrías inspiradas en los estratos naturales del paisaje litoral. El edificio se percibe como una sucesión de planos superpuestos. En la elección de materiales se priorizarán los reciclados o reciclables, incorporando madera, pavimentos drenantes, revestimientos minerales y acabados naturales. El diseño interior reinterpretará los sistemas constructivos tradicionales del litoral valenciano.
Asimismo, el proyecto plantea transformar la cubierta en un gran jardín, concebido como una prolongación del paisaje, buscando reducir el efecto isla de calor. El nuevo Sidi Saler contempla además favorecer la ventilación cruzada natural, alcanzar un consumo energético casi nulo e incorporar sistemas de recogida y almacenamiento de aguas pluviales y reutilización de aguas grises para riego.
El plan para reabrir el hotel de lujo se acompaña de una intervención paisajística. La nueva propietaria quiere realizar un estudio botánico detallado para restaurar la vegetación característica de la Devesa del Saler mediante especies autóctonas adaptadas a los sistemas dunares y forestales mediterráneos, eliminando especies invasoras y favoreciendo la recuperación del ecosistema original. Entre las especies propias de la zona destacan el pino carrasco, el lentisco, el palmito, el enebro marítimo, el romero, el tomillo y diversas especies de jaras.
Entre la carretera y el edificio se reforzaría la masa forestal mediante arbolado de gran porte –es decir, de hasta 20 metros de altura– y vegetación arbustiva propia del parque natural, buscando que el hotel desaparezca desde los principales puntos de observación. La misma estrategia se extendería a las fachadas norte y sur, generando una transición entre la arquitectura y el paisaje, siempre según la memoria descriptiva de la empresa.
En la fachada orientada al mar el proyecto para el nuevo Sidi Saler propone restaurar el sistema dunar mediante la recuperación de su topografía natural y la revegetación con especies propias de estos ambientes litorales. “Gracias a la diferencia de cota existente entre la plataforma del edificio y la playa, la combinación entre dunas restauradas y vegetación permitirá que la presencia del hotel resulte prácticamente imperceptible desde la arena”, asegura la firma.
Dentro de sus instalaciones, el nuevo proyecto para el hotel Sidi Saler planea incorporar un centro dedicado a la investigación, recuperación y conservación de la fauna marina y de los ecosistemas litorales. Y en paralelo la empresa habla de crear una estrategia de participación y educación ambiental dirigida tanto a los usuarios del hotel como a la comunidad local, mediante programas de divulgación, visitas guiadas y actividades vinculadas al conocimiento del ecosistema de l’Albufera.
“En conjunto, la propuesta pretende demostrar que la rehabilitación de una arquitectura existente puede convertirse en una oportunidad para regenerar el paisaje, reducir la huella ambiental, impulsar la investigación científica y reforzar el extraordinario patrimonio natural del Parque Natural de l’Albufera”, señalan desde la nueva propietaria del hotel abandonado a su suerte en los últimos 15 años, esperando un desenlace –el derribo o la reapertura– que no termina de llegar.
El camino para alcanzar el segundo no es sencillo y la reciente operación comercial está sujeta al éxito de la promotora en sortear los obstáculos políticos, administrativos y judiciales. Tras la publicación en este diario de una serie de informaciones relacionadas con el Sidi Saler, representantes de Compromís han exigido al Gobierno de Pedro Sánchez el «derribo inmediato» del edificio, calificándolo como un vestigio de la especulación urbanística, una petición que recoge el sentir del movimiento ecologista en València.
Fuera de lo político, el futuro del Sidi Saler depende además de un intrincado laberinto administrativo que involucra tres niveles de gobierno. En la escala municipal el ayuntamiento de María José Catalá se ha mostrado receptivo a un modelo hotelero «sostenible» como el que se plantea con el nuevo diseño, pero todavía es incierto si se podrán articular nuevas licencias municipales sobre una estructura que judicialmente está fuera de ordenación.
Por su parte, la Generalitat Valenciana tiene la potestad de decidir, a través de la revisión del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN), qué usos son compatibles con los valores ambientales de la zona, aunque siempre supeditando cualquier decisión final a la autorización previa del Ministerio (Costas). Desde la Consellería de Medio Ambiente han explicado a este diario que su voluntad es hacer viable una eventual restauración del edificio y un uso compatible con sus valores ambientales.
Finalmente, la actividad del edificio construido en los años 70 e incorporado al dominio público marítimo-terrestre en 2007 –tras el deslinde de los terrenos que entonces eran privados– depende de la concesión de Costas, de 30 años prorrogables a otros 30 años. En algún momento desde el Ministerio se habló de una concesión caducada, pero fuentes de la delegación del Gobierno han precisado a Levante-EMV que la concesión está vigente y el dueño del edificio simplemente tendría que mantener intacta la estructura para poder seguir explotando el terreno de dominio público hasta el año 2067.