CASTELLÓ. La arquitectura industrializada ya no se limita a reducir los plazos de construcción. También busca ofrecer viviendas singulares, adaptadas al paisaje y con acabados propios de los proyectos de alta gama. Así lo demuestra Casa Marratxí, una vivienda modular proyectada por Casas inHAUS que ha sido reconocida en la última edición de los Premios Cerámica de Arquitectura e Interiorismo de Ascer por convertir la cerámica en uno de los elementos esenciales de su planteamiento arquitectónico.
El proyecto obtuvo el primer premio en la subcategoría Aa de Arquitectura de la XXIV edición de los galardones. El fallo se produjo en noviembre de 2025, mientras que la entrega se celebró el pasado 24 de febrero de 2026, dentro de las actividades de la iniciativa promocional Time of Spain.
Situada en Mallorca, la casa cuenta con una superficie construida de 426 metros cuadrados distribuida en dos plantas. Se trata de una vivienda industrializada de hormigón concebida a partir de una arquitectura contemporánea, volúmenes rotundos y líneas depuradas. Su organización trata de aprovechar la orientación de la parcela, las vistas y las condiciones propias del paisaje mediterráneo.
La construcción se abre al exterior mediante una extensa fachada longitudinal, caracterizada por sus amplios ventanales y por una sucesión de porches, terrazas y espacios de transición. En lugar de separar claramente la vivienda del jardín, el proyecto prolonga visualmente las estancias hacia la piscina y el entorno vegetal.
En el interior, una zona de doble altura conecta las dos plantas y se convierte en uno de los principales espacios de representación de la casa. La amplitud, la entrada de luz natural y la continuidad de los pavimentos refuerzan la percepción de un espacio unitario, pese a que la vivienda está formada mediante un sistema modular fabricado con un elevado grado de precisión fuera de la parcela.
El principal valor del proyecto reside en la forma en la que integra la cerámica con el sistema constructivo industrializado. El material no aparece como una capa decorativa añadida al final de la obra, sino que participa desde el inicio en la definición de fachadas, pavimentos, paredes interiores, baños y zonas exteriores.
El jurado destacó precisamente el empleo de un mismo lenguaje material en el exterior y en el interior, así como la utilización de formatos estándar compatibles con los procesos de fabricación y montaje de una casa modular. Esta continuidad permite que los distintos módulos de hormigón sean percibidos como una única composición arquitectónica.
En la fachada se utiliza un aplacado cerámico con apariencia de piedra natural, en tonos arena y formato de 120 por 60 centímetros. El acabado se combina con revestimientos puntuales de piedra cuarcítica, presentes tanto en el exterior como en un muro interior de doble altura.
La selección cromática evita los contrastes estridentes. Predominan los grises cálidos, los beige, los tonos marfil y las superficies minerales, una paleta que busca conectar la vivienda con la luz y la vegetación mediterráneas. La cerámica aporta, al mismo tiempo, regularidad dimensional y capacidad para reproducir la textura de materiales naturales con menores necesidades de mantenimiento.
Dentro de la vivienda, el gres porcelánico de gran formato se convierte en el hilo conductor de las distintas estancias. Se emplean piezas de 120x 60 y de 90x30 centímetros con acabados inspirados en la piedra y el cemento natural.
En el salón, el comedor y la escalera principal se ha elegido un pavimento porcelánico mate de color gris cálido. Su colocación acompaña la geometría de las estancias y ayuda a subrayar las perspectivas longitudinales. La reducción visual del número de juntas también contribuye a ampliar los espacios y a reforzar la sensación de continuidad.
En los baños y zonas húmedas, el proyecto introduce azulejos texturizados en formato 30 por 90 centímetros y revestimientos de apariencia marmórea en tonos marfil. Estas piezas contrastan con los sanitarios, la carpintería y la entrada de luz natural, pero mantienen la gama mineral utilizada en el resto de la vivienda.
La cerámica utilizada procede de las firmas Saloni, Inalco y Porcelanosa, tres fabricantes vinculados al clúster cerámico español. Su presencia muestra las posibilidades del producto nacional en un ámbito, el de la construcción industrializada, que exige precisión, resistencia, facilidad de colocación y capacidad para mantener una apariencia homogénea entre piezas y módulos.
Uno de los riesgos asociados a la vivienda prefabricada es que la repetición de procesos termine generando construcciones excesivamente uniformes. Casa Marratxí plantea el camino contrario: aprovechar la fabricación industrial para controlar la ejecución, pero utilizando la composición, la luz y los materiales para dotar de identidad propia a la vivienda.
Los formatos cerámicos se adaptan a la modulación de la estructura y permiten coordinar desde fábrica los encuentros entre arquitectura, instalaciones y acabados. Este procedimiento reduce las improvisaciones durante la ejecución y facilita que pavimentos y revestimientos formen parte de una solución previamente definida.
El jurado de ASCER consideró que esta relación entre cerámica, prefabricación y composición volumétrica evidencia la idoneidad del material para los nuevos sistemas constructivos. También valoró que su presencia continua realzara la arquitectura sin imponerse sobre ella.
El resultado es una vivienda en la que la cerámica cumple varias funciones simultáneas. Aporta durabilidad y facilidad de mantenimiento, mejora la coherencia entre estancias, reproduce texturas propias de la piedra y el cemento y, sobre todo, articula la transición entre la casa y su entorno.
Casa Marratxí representa así una de las líneas con mayor recorrido para el sector: la incorporación de las baldosas españolas a una construcción industrializada de mayor calidad arquitectónica. Un modelo en el que fabricar en serie no significa repetir viviendas idénticas, sino controlar mejor el proceso para disponer de más libertad en el diseño.