BARCELONA. A merced de los cambios tecnológicos, el entramado de centrales e instalaciones que Telefónica tenía repartida por el área de Barcelona ha ido mutando y cambiando de manos. En los últimos años, la compañía se ha ido deshaciendo de parte de esas propiedades, que han quedado obsoletas con la caída de la telefonía fija frente a la red móvil. En cambio, otros edificios permanecen en desuso y pendientes de reconvertirse, reclamados por las asociaciones vecinales desde hace años para que se abran a la ciudadanía y se les dé uso.
Con una política amplia de venta de activos inmobiliarios en toda España, Telefónica ha traspasado varias dependencias que poseía en la capital catalana en las últimas dos décadas, sin que haya existido uniformidad al reformarlas y reaprovecharlas para nuevos usos. Ya remodeladas o en proceso de serlo, las antiguas sedes de la compañía diseminadas por la ciudad y su entorno se han destinado a utilidades muy diversas: se cuentan desde proyectos de viviendas públicas adaptadas para ancianos a apartamentos de lujo en construcción, planes para establecer oficinas y tiendas y compromisos de ubicar equipamientos que aún no han visto la luz.
Algunas centrales están en plena transformación, otras han sido noticia reciente por acuerdos de adquisición o convenios de rehabilitación tras caer en la inactividad y unas cuantas más aguardan concreción. Cinco casos dan muestra de las metamorfosis ya completadas, en marcha o por iniciarse en las viejas centrales de telecomunicaciones de Barcelona, condenadas por los nuevos tiempos a reinventarse.
La antigua central de telefonía de la avenida Icària es parte del legado de los fastos olímpicos de 1992. El diseño singular del edificio fue elegido en un concurso internacional de arquitectura para que se alzara como una de las cinco puertas de entrada al barrio que los atletas estrenaron durante los Juegos. Ahora se halla en medio de un trajín de obras para encajar una promoción con 20 pisos de alto ‘standing’ y 12 de protección oficial, fruto de la reserva del 30%. La empresa inmobiliaria Bonavista Developments oferta los domicilios de renta libre a partir de 915.000 euros más IVA, con el reclamo de la proximidad de la playa, una terraza con vistas, una piscina en la azotea y un gimnasio en el sótano.
La Asociación de Vecinos de la Vila Olímpica discrepa del proyecto. Juzga que destruye un patrimonio único, avisa que el edificio aumentará de volumen y disgusta a vecinos del entorno porque les hurtará vistas y luz solar. Sostiene que las viviendas de protección oficial las gestionará el propio promotor, al margen de la administración pública, y augura que el bloque no atraerá nuevos residentes, sino personas de paso dispuestas a pagar alquileres de temporada desorbitados.
A las puertas de Barcelona, el Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs ultima la compra a Telefónica de las dependencias que ocupa en el centro de la ciudad desde hace décadas y de las que la compañía apenas hace ya uso. El consistorio calcula que desembolsará entre 1,5 y dos millones de euros para adquirir el inmueble, que piensa derribar para alzar un bloque de viviendas dotacionales, acondicionadas para personas mayores. Quedará aún espacio para ampliar servicios municipales. La localidad aspira a obtener fondos del Pla de Barris de la Generalitat para financiar la demolición y preparar el terreno. Queda por definir el presupuesto de las obras, cuántos pisos se habilitarán y qué servicios públicos se alojarán en el edificio, que podría concluirse en 2030 en el mejor de los supuestos.
Telefónica vendió su antigua sede en el Eixample hace dos décadas por unos 220 millones de euros, en plena burbuja inmobiliaria. Tras degradarse durante más de 15 años por continuos cambios de proyecto y de propietarios, el gran edificio de la avenida Roma renació en 2025, después de 24 meses de obras promovidas por las firmas de inversión Bain Capital y FREO Group para montar oficinas en 49.500 metros cuadrados distribuidos en 14 plantas. La farmacéutica AstraZeneca es el principal inquilino, que concentra a 1.700 trabajadores en el inmueble, dedicados a la investigación biomédica y la ciencia de datos para desarrollar tratamientos en oncología, salud cardiovascular y enfermedades raras, entre otras. InmoCaixa, la filial inmobiliaria de CriteriaCaixa, pagó 385 millones de euros a principios de año por la propiedad. Es la mayor inversión hasta la fecha en Barcelona para comprar un único edificio de oficinas.
Telefónica traspasó su sede histórica en el centro de Barcelona por 100 millones de euros en 2019. La adquirió el multimillonario Daniel Maté, a través de su sociedad Torcalena Servicios y Gestiones. La firma ha conseguido que el PSC, Junts y el PP se alíen en el ayuntamiento este año para aprobar una modificación de planeamiento que autoriza que la vieja central de telefonía, edificada en 1929, se recalifique para ubicar oficinas y comercios en sus ocho plantas.
El ayuntamiento calcula que el propietario obtendrá un beneficio de 5,25 millones de euros por la plusvalía que genere el cambio. Como contrapartida, cede gratuitamente el teatro Capitol al consistorio y sufragará con 5,11 millones la rehabilitación de la sala, que espera levantar de nuevo el telón en 2027.
La reforma del edificio Estel la propició un convenio en 2005 entre el ayuntamiento y Telefónica, que estipuló que nueve centrales que habían quedado desfasadas en diferentes barrios de la ciudad se reconvertirían en equipamientos de titularidad privada, aunque no obligaba a hacerlos. La Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona (FAVB) protesta que, 21 años después, los inmuebles siguen cerrados. Destaca que son edificios prácticamente inservibles y de grandes dimensiones, como el existente en el barrio de la Prosperitat, donde se reivindica que se rehaga para darle uso. La FAVB propone que el consistorio adquiera las sedes a un precio “no especulativo” para crear equipamientos que se requieran en los vecindarios.