BOLONIA. Cristacer, firma cerámica con sede en Onda, ha convertido su participación en Cersaie 2026 en una muestra de su evolución hacia un producto con mayor valor añadido. La empresa concentra sus esfuerzos en la calidad, el diseño, el realismo de las superficies y el servicio al cliente, una estrategia con la que busca diferenciarse en un mercado donde competir únicamente mediante el volumen resulta cada vez más complicado.
«Las inversiones más interesantes ya no van tanto dirigidas a fabricar más metros, sino a conseguir más calidad, más diseño y más realismo», afirma la CEO de Cristacer, Eva Castelló. La compañía ha presentado en Bolonia nuevas colecciones con diferentes formatos, acabados y relieves, concebidas para responder a las necesidades de un proyecto sin obligar al cliente a recurrir a varios proveedores.
La azulejera ha trabajado especialmente en la reproducción de materiales naturales. Entre las novedades figuran acabados como el abujardado, que acentúan la semejanza entre la cerámica y la piedra. «La tecnología ahora mismo permite que sean indistinguibles una piedra natural del acabado cerámico que proponemos en feria. Buscamos diferenciación y aportar más cualidades al producto», señala Castelló.
La responsable de Cristacer considera que la situación actual del mercado obliga a sustituir la carrera por el volumen por una oferta más cuidada. «Ahora no hay tanta demanda y el mercado ya no exige tantos metros. Exige más calidad y un servicio más esmerado y profesional de principio a fie», sostiene.
El objetivo es evitar la homogeneización de los catálogos y ofrecer argumentos propios en el punto de venta. «Un cliente no puede entrar en una tienda y pensar que ha visto exactamente lo mismo en las seis anteriores. Eso es dramático y perjudica a todo el sector», advierte.
La orientación hacia el valor añadido ha encontrado una respuesta positiva durante las primeras jornadas de Cersaie. Cristacer ha recibido a profesionales procedentes de todo el mundo, especialmente llegados de Sudamérica, Francia, España y otros mercados europeos. «La feria está funcionando muy, muy bien», valora Eva Castelló. La empresa cuenta con una implantación especialmente sólida en Sudamérica, una región desde la que ha recibido numerosas visitas. «Cristacer tiene mucho nombre allí y estamos muy satisfechos por el volumen de profesionales que vienen de allí a Cersaie», explica. No obstante, «nuestros dos principales mercados sob España y Francia», matiza.
En este resultado también ha influido el regreso de la firma a su ubicación tradicional dentro del recinto ferial, dentro del Pabellón 25 de BolognaFiere, uno de los más céntricos de la muestra. «El año pasado cambiamos de espacio, pero no nos acabó de encajar. Pedimos volver a nuestros orígenes y el resultado está siendo muy bueno», apunta la responsable de la compañía. Cristacer ha optado por priorizar el emplazamiento frente a la superficie disponible. «Al final hay que elegir entre más espacio en un lugar que no resulta tan productivo o menos espacio en una zona más estratégica», resume Castelló.
La CEO también aprecia un cambio en el perfil de los asistentes a Cersaie. La feria ha reducido la presencia de visitantes ocasionales y ha reforzado su carácter profesional. «Antes encontrabas más turistas de feria, por decirlo de alguna manera. Ahora está mucho más profesionalizada: quien viene, viene a comprar o porque la cerámica forma parte de su trabajo».
La nueva estrategia de Cristacer ha estado acompañada de inversiones internas. La compañía ha reorganizado su estructura logística y ha pasado de disponer de tres centros dispersos a trabajar con dos instalaciones en Onda. La nueva nave logística cuenta con unos 20.000 metros cuadrados y capacidad para almacenar más de un millón de metros cuadrados de producto cerámico.
Aunque Cristacer mantiene la pasta roja que marcó sus orígenes, la empresa ha orientado progresivamente su catálogo hacia referencias con más valor. «Seguimos teniendo pasta roja, pero nos hemos enfocado hacia productos que aporten ese plus de fabricante europeo, serio, de calidad y que cumple todos los estándares de producto y servicio», subraya.
La compañía también ha reforzado su showroom de producto en Onda y trabaja en la renovación de su página web, dos herramientas que considera fundamentales para mostrar un catálogo cada vez más amplio y técnico. «Tenemos presencia en muchos mercados y eso nos obliga a disponer de una gran tipología de producto», añade.
Cristacer fabrica alrededor de cuatro millones de metros cuadrados anuales y cuenta con una plantilla de cerca de 150 trabajadores. Eva Castelló reconoce que la empresa es pequeña frente a los grandes grupos del sector, pero reivindica una dimensión que le permite apostar por la especialización y la cercanía. «No podemos competir por volumen con los grandes fabricantes, pero tampoco es ese nuestro camino», explica. La prioridad pasa por desarrollar superficies con más diseño, reforzar el servicio y cuidar la relación con clientes, proveedores, transportistas y empleados.
Castelló mantiene en este punto una filosofía heredada de su padre, Emilio Castelló Pallarés, quien dirigió la compañía durante años y ejerció como presidente de su consejo de administración. La CEO lo define como «un luchador brutal, un visionario y una persona hecha a sí misma». Su manera de entender la empresa continúa presente a día de hoy en el funcionamiento cotidiano de Cristacer.
Entre las decisiones que marcaron la trayectoria de Cristacer destaca la instalación de un nuevo horno en 2010, en plena crisis económica. «Cuando todo el mundo estaba asustado, mi padre decidió ampliar confiando en que aquello pasaría. Gracias a las decisiones que se tomaron en esos momentos críticos hoy podemos fabricar estos productos y defenderlos en el mercado con orgullo», recuerda.
Eva Castelló asumió la dirección de Cristacer en 2022, después de haber desarrollado toda su trayectoria profesional fuera de la empresa familiar. Licenciada en Derecho y procedente del ámbito de la asesoría, se incorporó tras la enfermedad de su padre y en plena crisis energética provocada por la guerra de Ucrania.
«Mi llegada coincidió con la escalada del precio del gas y con la necesidad de adoptar decisiones sobre un sector que todavía estaba conociendo y fue fundamental saber delegar y rodearme de profesionales de confianza». Así, esta experiencia inicial reforzó su confianza en el equipo humano. Desde entonces, Castelló ha estado al frente de la azulejera que continúa su tránsito por el mercado y pronto alcanzará una fecha muy destacada para todo el equipo. Cristacer cumplirá en 2027 su 40º aniversario. La empresa fue fundada en Onda en 1987, con un horno situado entonces dentro del casco urbano del municipio. La compañía prepara una efeméride que permitirá mostrar la transformación experimentada durante cuatro décadas y reconocer el impulso de Emilio Castelló Pallarés.
En suma, una evolución que ahora encuentra continuidad bajo la dirección de Eva Castelló y en la apuesta de Cristacer por el diseño, la calidad, el servicio y el valor añadido como principales herramientas para competir en los mercados internacionales.