CASTELLÓ. La sostenibilidad y la geopolítica son dos de las grandes cuestiones tratadas en el congreso Ignite, impulsado por la Cámara de Comercio de Castellón para conocer las claves de la innovación en la cerámuca. Las primeras sesiones contaron con conclusiones relevantes. Entre ellas, que la descarbonización es el camino para dejar de depender de los recursos energéticos externos, y que se debe avanzar en la innovación para evitar que China se lleve la hegemonía en este campo.
La primera mesa redonda, dedicada a los retos medioambientales, puso de manifiesto que la electrificación gana la carrera por sustituir al gas. Jadra Mosa, de la Sociedad Española de Cerámica y Vidrio, dijo que el horno eléctrico «ya es una realidad» y vaticinó «que en cinco años se implantará bastante, a pesar de su precio».
Desde Iberdrola, Fernando Ripoll instó a fijarse más allá del coste de la electricidad en la factura. «Tenemos una elevada volatilidad en el precio del gas y un precio del CO2 creciente, mientras que el coste eléctrico puede rebajarse con autoconsumo, y si hay almacenamiento y fórmulas de contratación», detalló. A ello se unen las ayudas públicas para dar el paso. Eso sí, comentó que este proceso no se puede hacer de forma inmediata.
Recomendó combinar el gas con la electricidad, en función de los costes del momento. De este modo se aliviaría una de las grandes preocupaciones, la de disponer de suficiente electricidad para todos. «Hay que saber coordinar la demanda con la planificación de redes», y destacó como un gran avance que el Gobierno «haya anunciado un aumento del presupuesto previsto para las redes de transporte, y desde Iberdrola no podemos hacer otra cosa que acelerar nuestro presupuesto» para lograr este propósito.
Ripoll recordó que las crisis energéticas «se han dado siempre, pero antes venían cada 10 o 12 años y ahora ocurren cada dos o tres», lo que pone de manifiesto la elevada dependencia europea. Una solución es fomentar la generación de renovables, pero también provoca rechazo social.
Paulo Vigário, de la compañía portuguesa de materias primas MCS Group, afirmó que en la Unión Europea «hay movimientos de protesta para todo», y expuso la necesidad de «hacer pedagogía de que, si queremos tener industria aquí, hay que cumplir unas condiciones y buscar el mínimo impacto posible».
El cambio de los combustibles fósiles por las fuentes renovables también está en el foco de China. La presidenta del China Club Spain, Estela Li, dijo que las empresas de ese país «ven la oportunidad de descarbonizar a alto nivel», porque «ayuda a reducir costes en tiempos difíciles, y genera un impacto positivo en reputación y competitividad».
Es por ello que en estos años China está haciendo inversiones masivas en renovables. Una tecnología que se manifiesta en el coche eléctrico, que ya da el salto mediante la colaboración con empresas de la automoción implantadas en Europa.
China también formó parte de la ponencia del italiano Marco Simoni, profesor universitario y director del Istituto Affari Internazionali. El gigante asiático acelera su innovación. «En la última década ha duplicado la publicación de patentes», aseveró.
Por otro lado, advirtió de que Europa puede sustituir la dependencia de los hidrocarburos fósiles por una nueva dependencia tecnológica de China, que además domina la cadena de suministro en este terreno.
Simoni mencionó que la incertidumbre geopolítica «ha llegado para quedarse», lo que obliga a un cambio «en las relaciones entre los Estados, los poderes políticos, los que deciden en la economía, los mercados y las empresas».
Sobre la Unión Europea, advirtió que su éxito futuro depende de su capacidad de anticiparse a las necesidades y de que cada país miembro «sea consciente de los logros que obtiene por formar parte de ella». Un deseo que se contrapone con hechos como las tensiones generadas por el mercado de emisiones de CO2.